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    Unidad 1

    Cristo vio en Jerusalén un símbolo del mundo endurecido en la incredulidad y rebelión que está pronto a recibir los juicios retributivos de Dios. Su corazón se conmovió de piedad por los que en la Tierra estaban afligidos y sufrían. Anhelaba aliviarlos, y estaba dispuesto a derramar su alma hasta la muerte para poner la salvación a su alcance. ¡La Majestad del Cielo envuelta en lágrimas! Esa escena muestra cuán dura es la tarea de salvar al culpable de las consecuencias de la transgresión de la Ley de Dios. Jesús vio al mundo envuelto en el engaño, un engaño similar al que causó la destrucción de Jerusalén. El gran pecado de los judíos fue que rechazaron a Cristo; el gran pecado del mundo sería rechazar la Ley de Dios, el fundamento de su gobierno en el Cielo y en la Tierra. El Gran Conflicto, p. 14.

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