Lección

Capítulo 9: Reflexión final

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Intento: 8

Reflexión final

“Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.
Jesús (Juan 6:35)

La Biblia abunda en ilustraciones y ejemplos basados en el agua. Para finalizar, lo quiero invitar a reflexionar sobre el agua y la vida personal a partir del siguiente texto bíblico qque forma parte del Evangelio de San Juan, en el capítulo 4, versículos 1 al 14:

  1. Cuando, pues, el Señor entendió que los fariseos habían oído decir: Jesús hace y bautiza más discípulos que Juan
  2. (aunque Jesús no bautizaba, sino sus discípulos),
  3. salió de Judea, y se fue otra vez a Galilea.
  4. Y le era necesario pasar por Samaria.
  5. Vino, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.
  6. Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.
  7. Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.
  8. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer.
  9. La mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque judíos y samaritanos no se tratan entre sí.
  10. Respondió Jesús y le dijo: Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías, y él te daría agua viva.
  11. La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?
  12. ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?
  13. Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua, volverá a tener sed;
  14. mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.

Jesús, en su camino a Galilea, pasó junto a sus discípulos por la ciudad de Sicar, en la región de Samaria. La relación entre judíos y samaritanos era mala, distante y de enemistad manifiesta. Evitaban, de ser posible, el contacto y el dialogo. Más aún entre hombres y mujeres. Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar la sorpresa de la mujer cuando Jesús le habló y le pidió de beber. De allí su respuesta. Pero Jesús no entró en controversias. Por el contrario, la invitó a ver más allá de los prejuicios personales y socioculturales de su tiempo. La hizo mirar más allá de lo terrenal y temporal para que pudiera vislumbrar lo trascendente y eterno.

Seguimos viviendo en un mundo lleno de prejuicios y enemistades. Esta sociedad también tiene sus parias y desechados. Esto decanta en un profundo dolor. Es evidente en el texto bíblico el profundo amor de Jesús al acercarse y hablarle a esta mujer. Debemos tomar esto como una invitación personal. El amor derriba todos los prejuicios y nos hace ver diferente a los demás. Nos humaniza y nos vuelve empáticos y comprensivos.

Jesús además nos invita a no centrar nuestra mirada en las cosas de este mundo, ya que ellas nunca nos saciarán. El llamado es a poner nuestra mirada en lo más importante, lo que trasciende, lo eterno. Que esta sea también nuestra experiencia de vida.

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