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“Yo soy el pan de vida: el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás”.
Jesús (Juan 6:35)
La Biblia abunda en ilustraciones y ejemplos basados en el agua. Para finalizar, lo quiero invitar a reflexionar sobre el agua y la vida personal a partir del siguiente texto bíblico qque forma parte del Evangelio de San Juan, en el capítulo 4, versículos 1 al 14:
Jesús, en su camino a Galilea, pasó junto a sus discípulos por la ciudad de Sicar, en la región de Samaria. La relación entre judíos y samaritanos era mala, distante y de enemistad manifiesta. Evitaban, de ser posible, el contacto y el dialogo. Más aún entre hombres y mujeres. Teniendo en cuenta esto, no es de extrañar la sorpresa de la mujer cuando Jesús le habló y le pidió de beber. De allí su respuesta. Pero Jesús no entró en controversias. Por el contrario, la invitó a ver más allá de los prejuicios personales y socioculturales de su tiempo. La hizo mirar más allá de lo terrenal y temporal para que pudiera vislumbrar lo trascendente y eterno.
Seguimos viviendo en un mundo lleno de prejuicios y enemistades. Esta sociedad también tiene sus parias y desechados. Esto decanta en un profundo dolor. Es evidente en el texto bíblico el profundo amor de Jesús al acercarse y hablarle a esta mujer. Debemos tomar esto como una invitación personal. El amor derriba todos los prejuicios y nos hace ver diferente a los demás. Nos humaniza y nos vuelve empáticos y comprensivos.
Jesús además nos invita a no centrar nuestra mirada en las cosas de este mundo, ya que ellas nunca nos saciarán. El llamado es a poner nuestra mirada en lo más importante, lo que trasciende, lo eterno. Que esta sea también nuestra experiencia de vida.